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Web realizada por Veteranos del "Regimiento de Transmisiones" de "El Pardo" y Dedicada al Regimiento de Transmisiones (RETRANS 21) que durante muchos años estuvo en el "Acuartelamiento Zarco del Valle" en "el Pardo", Madrid y al Regimiento de Guerra Electrónica 31 (REW 31) que lo ocupa en la actualidad.

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SETENTA Y UN AÑOS ENTRE SOLDADOS

Que mejor forma que rendir homenje a Doña Vicenta que transcribir la entrevista completa que le hicieron el 10 de Mayo de 1.984 en el desaparecido diario “YA” y los comentarios que han dejado en el Blog "Historias del Pardo" los que la conocieron.

SETENTA Y UN AÑOS ENTRE SOLDADOS

LA “PIPERA” QUE DA TODO SU DINERO PARA OBRAS BENÉFICAS

AYER FUE CONDECORADA POR LA DUQUESA DE CALABRIA POR SU CONSTANTE AYUDA EN LA LUCHA CONTRA EL CANCER

Vive sola, se las "apaña" muy bien y no se casó nunca porque no quiso, ya que "no sería por falta de material: todo un Regimiento"

Ochenta y cuatro años tiene doña Vicenta. Setenta y uno los ha pasado en el cuartel. Cuando empezó era una niña vivaracha a la que los soldados rápidamente cogieron cariño y hoy es la “reina”, la “señora” del Regimiento de Transmisiones de El Pardo, todo el mundo la conoce y todo el mundo la respeta, aunque ella, de vez en cuando, les mande “a hacer puñetas, hombre, que ya no despacho más, ¡dejadme en paz!”



Vicenta Colina Adradas no es una simple “pipera” que viva de vender tabaco, caramelos, bollos o cordones para las botas a los soldados. Es mucho más que eso. Es una institución, es, quizá, la única persona en todo el país que tiene permiso indefinido para entrar a una instalación militar; cumple un servicio y todos los Jefes, los muchos que se han sucedido en el mando del Regimiento de Transmisiones., antes de Telégrafos, le han respetado ese simpático “status” de que la mujer disfruta. Ella tiene su puestecillo allí dentro; todos son sus clientes; cada mañana les lleva bollos, pastelillos de varias clases y, por supuesto, caramelos, bombones y tabaco. A primera vista, poco o nada hay de interesante en una viejecilla como tantas otras, pero es que Doña Vicenta no es una viejecilla cualquiera.

Ayer por la tarde, en el Cuartel del Rey, la duquesa de Calabria, en nombre de la Asociación Española contra el Cáncer, le imponía la medalla que esta Asociación otorga a las personas que han prestado servicios a favor de la misma durante más de veinte años. Y los “servicios” de Vicenta vienen de entonces y tienen más mérito que los de casi nadie. Porque esta viejecilla, que sigue siendo tan vivaracha y simpática como una chavala, que “pone firmes” a los soldados de Transmisiones y que vive absolutamente sola, valiéndose por si misma, da todo el dinero que le sobra, y que es prácticamente todo el que consigue, a la Asociación Española contra el Cáncer y a otras obras benéficas. Su único interés es ayudar a los demás. Por eso, asegura, no se ha retirado todavía.

Se levanta cada día a las 7,30 de la mañana, se hace un café y lo guarda en un termo, se come un bollo y coge los bártulos camino del cuartel. Allí llega, se instala en su rincón y despliega su “pequeña industria” como ella le llama. Y ahí está al pie del cañón, hasta las tres y media de la tarde (hora en la que, como no la dejan irse, suele mandar “a hacer puñetas” a la clientela, siempre con una sonrisa en la boca, siempre en broma, por supuesto), y luego se va a casa.

--Descanso un par de horas y luego me pongo a hacer limpieza, la comida y todo eso. Vivo sola desde que mi hermano murió hace diez años. Mi madre y mi hermana murieron hace ahora veinte… pero, mira, me valgo muy bien. No tengo familia, más que unos primos a los que no veo casi nunca, y mis vecinos, Miguel y Pepita, me ayudan mucho con los papeleos esos de recibos y esas cosas y, si necesito algo o estoy enferma, ellos me echan una mano. Y mi vida es esto y nada más. No podría ya hacer otra cosa que venir todos los días al cuartel, porque además aquí me necesitan. Cuando me muera “éstos” tendrán que conformarse con la cantina, y se quedarán sin mis pastelitos y sin cordones para las botas…Mira, ya no queda casi ningún pastel, se los “ventilan” enseguida…

--Todo el dinero que le sobra, salvo el imprescindible para vivir, lo regala usted a obras benéficas ¿Por qué?

--Hombre, porque para eso está el dinero. Me gusta ayudar a los del Cáncer y también a los hermanos de San Juan de Dios. Porque ellos ayudan al prójimo.Por eso les doy todo lo que puedo. A los del Cáncer he llegado a poder darles hasta 100.000 pesetas de una sola vez…pero ahora como la gente es tan vaga y no quiere trabajar los sábados, pues no puedo ir a llevarles más, porque es el sábado el día que yo “libro”, y por eso lo doy también a los de San Juan de Dios, que lo vienen a buscar a casa…Como no tengo familia ni nadie, pues lo mejor es dar el dinero ¿verdad?

--Nunca se casó usted, doña Vicenta ¿Por qué?

--Pues porque no quise, porque por falta de material no sería: tenía todo un regimiento para elegir, una vez tuve un noviete, pero se murió el tío…Y desde entonces no volví a preocuparme de eso.

---Aunque usted está joven y dicharachera ¿No piensa retirarse nunca?

--Mira, hijo, yo me retiraría si supiera que aquí alguien iba a ocupar mi puesto, porque “éstos” me necesitan. Pero eso no va a ser así. Ya no van a dejar a nadie que venga a sustituirme, y por eso no me retiro yo. Han dicho que mi puesto no lo va a ocupar nadie nunca más, y entonces se van a quedar sin todo esto (y mira doña Vicenta, orgullosamente, el pequeño despliegue de cajitas y bolsas de plástico extendido ante ella, su “pequeña industria”) y me van a echar de menos. Así que, mientras aguante aquí seguiré, porque aquí vivo mejor que la Reina Sofía, que ella también anda metída en estos líos, pero a ella la llevan “pacá y pallá” (¿les suena?) y a mi me dejan tranquila…

--¿Nunca ha tenido miedo de que le prohibieran volver?

..¡No hijo, nunca! Siempre que ha venido un nuevo Jefe, yo he ido a verle a pedirle que me dejara quedarme, pero nunca he tenido ni que pedirlo, porque en cuanto entraba ya me decían que ya estaba todo arreglado…Aquí me quieren mucho, son más de setenta años trayéndoles las cosas a estos chicos…Y además yo no me acostumbraría ya a ir a otra parte ni a hacer otra cosa…

--Le van a poner una medalla, ¿qué le parece eso?

--Hombre, muy bien. Ya una vez vino a verme la duquesa de Calabria y creo que esta tarde vendrá también. A mi me gustaría que viniera Natalia Figueroa, que ya he dicho que la avisen, porque le tengo que contar muchas cosas. Porque ¿sabes? Yo nací al ladito de su casa, y conocía a toda su familia y también a los padres del doctor Gregorio Marañón, y recuerdo que cuando era niño venía y me decía: “Vicenta, dame un trocito de pan”,Y yo le decía:”No, que nos regaña tu madre porque no comes”. Y me pedía una miguita y yo se la daba y tan contento que se iba…y me acuerdo que…

Y doña Vicenta, que ha cogido carrerilla, hace un despliegue de memoria que envidiaría a un elefante. Su mente está completamente lúcida, no deja ver ni por asomo, un rasgo de malhumor, su vitalidad es casi “escandalosa”para esos ochenta y cuatro años que lleva a sus espaldas. Y ahí la dejamos, vendiéndole un pastelillo de chocolate a “mi clientela”.

Doña Vicenta falleció a finales de los años 90.

LOS QUE TE CONOCIMOS NUNCA TE OLVIDAREMOS


ASI TE RECORDAMOS:

22:45 jueves, 14 de diciembre · Julio G. Blanco escribió: Hola: Doña Vicenta ya estaba por allí en 1.964. Todos los días entraba a las 7 de la mañana por la "puerta de carros" y se instalaba en el vestíbulo de las escaleras que iban a la Cía. de Guerra Electrónica. Daba pena, verla, a sus años, tirar de aquel carrillo con ruedas hasta los topes de mercancías. Aparte de tabaco, chicle, caramelos, sobres, cuartillas y sellos, vendía hilo y agujas para coser, botones,cordones para las botas, etc... A la hora del desayuno y antes de entrar en el comedor, en los alrededores de su puesto de venta se arremolinaban masivamente los soldados para comprarle bollos, galletas y botecitos de leche condensada Nestlé, pues el desayuno oficial del cuartel sólo se componía de chocolate aguado con leche y un mini chusco con mantequilla. Aquel suplemento alimentario que vendía doña Vicenta nos sabía a gloria. UN SALUDO.

17:06 jueves, 04 de enero · Nieves escribió: Me encanta ver esta pagina tan entrañables recuerdos para muchos, yo no recuerdo mucho a Doña Vicenta pero si se que existio, yo viví en el Regimiento con un añito mas o menos, luego hasta hoy sigo viviendo en El Pardo y aunque las cosas han cambiado mucho tengo mil recuerdos de ese cuartel que no cambia por fuera aunque por desgracia si que ha cambiado mucho por dentro. Un saludo.

1:17 sábado, 21 de abril · Rafael_Tenerife escribió: Hola, Yo estuve en el pardo en 1986 y recuerdo perfectamente a doña Vicenta.Recuerdo que por la celebración de San Fernando, se hizo un acto teatral por parte de los soldados que servíamos en ese remplazo en el cine del puebo, y el coronel llevó al acto a doña vicenta para darle un homenaje. La anecdota es que la mujer se empeñó en que el acto no continuaba si no estaba presente un cabo 1º de mi compañía la 3 de transmisiones (creo que el apellido era Congosto, aunque no lo recuerdo bien). Ante tal asunto el Coronel envía su coche a buscar al primero que estaba de guardia en el Polvorín. El primero contó despues del acto que se llevó un buen susto cuando aparece a buscarlo el chofer del coronel con el coche oficial.

8:31 miércoles, 25 de abril · Rafael_Tenerife escribió: La foto que aparece de Doña Vicenta, debe ser posterior al 86, ya que yo la recuerdo practicamente igual, y si no cambió de habitos está sentada en la entrada del edificio donde estaba la 2ª y 3ª compañía de transmisiones, que tenía en la planta baja los comedores.Parece que la esté viendo sentada allí.

18:12 jueves, 26 de abril · Julio G. Blanco escribió: Hola: esta foto venía en el desaparecido periódico"YA" de Madrid el 10 de Mayo de 1.984 en una entrevista que le hicieron. El texto de esta entrevista está en el Foro. No cabe duda de que en aquellos años Doña Vicenta no cambió mucho y tenía siempre el mismo aspecto. Un saludo.

19:48 23 abril, 2008 · Emilio Galindo escribió: Según cuentan, a uno de los múltiples coroneles que por el Regimiento han pasado, no le pareció bien que una anciana estuviera dentro del cuartel; una resistenia electrica para apaciguar los gelidos inviernos de El Pardo, una lata para hacer su necesidades (en un cuartel de 1923 no había baños para mujeres) y una tabla con cuatro rodamientos repleta de todo lo que los soldados podíamos necesitar, no le pareció, a ese coronel apropiado y ordenó a uno de sus oficiales que la invitara a salir del Regimiento, ella dijo "¿quien lo ha dicho?", el oficial respondió, "el coronel" y ella contestó "pues que venga el a decirmelo si tiene .....", el coronel en persona trató de convencerla pero después de un buen rato y dada la contumacia del coronel, la señora Vicenta sacó del refajo un papel, nada menos que firmado por propio el Rey Alfonso XIII, en el que se le autorizaba a acceder al Regimiento para abastecer de cuanto necesitaran los soldados. Me alegran las múltiples muestras de cariño hacia nuestra Sª Vicenta