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![]() | Capitán Salas y Teniente Bárcena | ![]() |
LA ODISEA DEL CAPITÁN SALAS
“…Una sola nube empaña, en estos momentos, la alegría de los que tan felizmente han arribado al que consideran puerto de salvación. Falta el camión del capitán Salas.
Hasta ahora su ausencia no inquietó mucho, porque esperaban encontrarle en La Granja o en Segovia, ya que podía habérseles adelantado por caminos de travesía. Pero, al no hallarle, tienen los jefes el presentimiento de una desgracia. No es infundado su pesimismo.
El teniente Sánchez Aguiló, que había abandonado la columna para establecer contacto con los rezagados, los encontró detenidos a medio camino entre el cuartel y El Goloso por habérseles "calado" el motor. Por cierto que en su trayecto fue tiroteado el teniente por los carabineros, que al pasar el convoy habían exteriorizado su desagrado. Desde que se puso en camino, la mala suerte perseguía al camión. Sufrió una primera avería a los pocos metros, y apenas reparada, su conductor, que era un soldado de cuota con muy poca práctica en el volante, subió por una empinada cuesta, a cuya mitad se le quemó el embrague. Esta avería era irreparable en el camino y la situación se hizo peligrosa, porque del pueblo llegaban los gritos del gentío que, sin duda, invadía el cuartel.
El capitán Salas ordenó echar pié a tierra y despeglarse en guerrilla para repeler un posible ataque. En esta situación los encontró Sánchez Aguiló, que llegaba en su motocicleta.Dió cuenta de cómo le habían tiroteado los carabineros y pidió un voluntario para llegar hasta el cuartel y recoger otro camión que sustituyese al inutilizado. El intento era temerario y, sin embargo, se realizó. Le acompañó el soldado Tomás Maestro, que era buen mecánico. Cuando llegaron al cuartel éste se hallaba rodeado por las turbas, que se disponían a invadirlo. La aparición de Sánchez Aguiló y del soldado que le acompañaba produjo una gran confusión, que se tradujo pronto en un amenazador vocerío. En la confusión, el teniente se vió separado de su acompañante. Montó en su motocicleta, viró en redondo y desapareció a todo gas para volver con esta desconsoladora información al lado del capitán. Aún no había acabado su relato cuando apareció el soldado Maestro al volante de un camión "Morris" que había conseguido sacar del cuartel abriéndse paso pistola en mano. Parecía un sueño. Venía perseguido de cerca por los revolucionarios. Sólo hubo tiempo para embarcar apresuradamente la tropa y las municiones, dejando abandonado, con el camión averiado, el material de radiotelegrafía.
LA SECCIÓN DEL CAPITÁN SALAS AVANZA EN CONTINUADO COMBATE
Se partió de nuevo, yendo delante Sández Aguiló. Al avistar las tapias del monte, en las proximidades de El Goloso, aparecieron, cerrando el paso, los carabineros de los incidentes anteriores, a los que acompañaba un buen número de milicianos. La patrulla desplegó en guerrilla e hizo fuego; los cinco carabineros cayeron muertos y sus acompañantes se dieron a la fuga, en unión de un cabo y dos soldados de Transmisiones que aprovecharon la refriega para desertar.
Se habían adelantado pocos metros en dirección a Colmenar, cuando se cruzó un coche con cinco milicianos con fusiles. Dióseles el alto y se les desarmó, incautándose Salas del automóvil. Pocos minutos después sucedió un encuentro semejante. En otro coche venían cuatro hombres con fusiles y tremolando banderas rojas: se les dió el alto también y se procedía a desarmarlos, cuando la presencia de un camión con más de veinticinco milicianos obligó a suspender la operación. Los cuatro del primer coche gritaron a los que llegaban:
- ¡Disparad, disparad, que son enemigos! ...
Antes de que pudieran hacerlo rompieron el fuego los soldados de Transmisiones y los cuatro milicianos rodaron muertos. Los del camión, cogidos por sorpresa, no opusieron resistencia, y tras quitarles los fusiles, se inutilizó el vehículo, pinchándole los neumáticos y arrancándole el carburador. En todas estas operaciones se perdió un tiempo precioso, y lo que era peor, se ponía sobre aviso y en armas a los pueblos de la comarca, pues los fugitivos de los camiones daban la noticia del paso de la tropa por la carretera. Bien se comprobó la certeza de este peligro al aproximarse a Colmenar Viejo. Las entradas del pueblo estaban cerradas con postes del teléfono atravesados y con carretas de labranza. Por encima asomaban las escopetas de los vecinos dispuestos al combate.
El pequeño convoy avanzaba en el siguiente orden: en cabeza, el teniente Sánchez Aguiló con un soldado en el sidecar. Después, el teniente Bárcena y varios soldados en uno de los coches de turismo apresados, y, por último, el camión "Morris", con el capitán Salas y el resto de la fuerza.
Pronto se rompió el fuego, muy nutrido y sostenido bravamente. la lucha se hubiera prolongado si los tenientes Sánchez Aguiló y Bárcena no envuelven la barricada principal, entrando en la plaza por algunas calles laterales, tras dar muerte a los que intentaban cerrarles el paso. Entonces, los defensores del parapeto huyeron y el camión pudo avanzar. Pero desde muchas de las casas paqueaban con pistolas y escopetas y aquél hubo de cruzar bajo una lluvia de proyectiles, uno de los cuales hirió gravemente en el pecho al conductor Tomás Maestro, que en un supremo esfuerzo de voluntad continuó al volante hasta que llegó a una zona fuera de peligro.
Seguían ahora por la carretera de Torrelodones y Villalba, como había hecho horas antes el grueso de la columna, mas a los cinco kilómetros, como el camino se bifurcara, se vaciló en la elección, y al final adentró la menguada tropa por el que lleva a la presa de Santillana, en la cual moría. Se hizo alto para esperar al coche de turismo y a la motocicleta, que habían quedado rezagados. En esto se acercó un sargento de Carabineros que, con intención maligna, dió informes falsos sobre la marcha del Regimiento, que decía haber visto pasar camino de la Sierra, y lo mismo sobre el estado de la carretera, pues afirmaba que había un puente volado, que impediría el paso de los coches. En vista de ello, el capitán Salas decidió abandonar el camión y marchar a pié por la Sierra para ganar, a monte traviesa, Navacerrada.
Cuando llegaron Aguiló y Bárcena con sus soldados se emprendió la ascensión del monte conocido por Cabeza de Illescas, que domina la presa y el pueblo de Manzanares el Real. Las municiones se habían cargado en un borriquillo que se adquirió en doscientas pesetas a un transeunte que sobre él pasaba. También se compró pescado cogido en la presa, gallinas, huevos y otros comestibles. Al conductor del camión, Tomás Maestro, que agonizaba, se le dejó en una casa de Manzanares encomendado a sus vecinos.
Media hora llevaría la tropa subiendo cuando surgió en el cielo una avioneta que describió varios círculos como para localizar a la pequeña columna y se alejó inmediatamente de regreso a Madrid. Serían entonces las diez de la mañana. En la cumbre de Cabeza de Illescas se alzaba la casilla abandonada de un guarda, cuya puerta tuvieron que forzar los soldados. Dentro había dos colchonetas, unas sillas y utensilios de cocina, así como algunos comestibles. Se decidió comer allí, montándose un servicio de vigilancia con centinelas en unas lomas intermedias. Durante la frugal comida los jefes cambiaron impresiones sobre la situación. Llegaba el eco de unos cañonazos lejanos. El sargento Cipriano Fernández comentó alegremente:
- ¡Deben ser nuestros cañones! ...
El teniente Arbex opinaba que se debía continuar la marcha cuando fuera de noche, mientras que Sánchez Aguiló sostenía que debían quedarse allí, ya que la posición era muy fuerte y podrían resistir hasta que avanzasen por la Sierra las columnas que esperaban. Por su parte, Bárcena era partidario de bajar al pueblo de Manzanares el Real, proclamar el estado de guerra y hacerse fuertes en el histórico castillo de los marqueses de Santillana, el mismo en que don Íñigo López de Mendoza compuso sus deliciosas "Serranillas". El capitán optó por esperar la noche para reanudar el camino hasta enlazar con otras fuerzas...·"

Monte de Cabeza de Illescas en la actualidad
LAS FUERZAS DE SALAS QUEDAN CERCADAS
"...Ya había comido el primer turno y se iban a relevar los centinelas, cuando se oyó la voz de uno de éstos que clamaba angustiado:
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